RELATOS
Con el futbolista
Esta historia ocurrió hace tres años. Para ese entonces yo era bastante mujeriego (tenía una novia que no me importaba mucho más que cualquier otra de las que había tenido). Es por eso que ni pensaba en verme envuelto en una situación como la de ese día.
Yo trabajo como periodista deportivo, especializado en fútbol. Había ido a cubrir un partido de la C, como era normal en todas las semanas.
En el transcurso del partido, el árbitro le saca la tarjeta roja a uno de los jugadores, echándolo del partido. Mi compañero de trabajo, que en ese momento estaba conmigo, me dice que siga a este jugador para hacerle una nota, ya que este se veía bastante ofuscado por la expulsión. Debo aclarar que yo ya conocía a este jugador, y que tenía buena relación con él.
Me acerco lo más que puedo al campo de juego y lo llamo para que se acerque. Al verme, el jugador me hace un gesto de que lo siga y hace un gesto a los guardias como para que me dejen entrar.
Entonces, paso a la cancha, y me acerco a él dirigiéndonos al vestuario. De mientras le iba haciendo la nota, que ahora no viene al caso.
Como es muy común, el jugador entró a los vestuarios mientras yo lo reporteaba. En una de esas empieza a desnudarse para dirigirse a las duchas, y sin notarlo se baja el slip dejando ver una poronga enorme, seguro más de 25cm. y extremadamente gruesa.
El reportaje seguía con él totalmente desnudo (solamente tenía los botines y las medias), pero no había problemas, pues no era la primera vez que entrevistaba a un jugador desnudo (al final del partido, son normales las entrevistas en el vestuario).
En una de esas, en medio del reportaje, el jugador se para y me dice:
- ¿Qué te pasa? Andá, hacete una paja y volvé.
Sin entender qué era lo que me decía, me miro la entrepierna y tengo tremenda erección, imposible de disimular. Me río e intento taparme o cruzarme de piernas, muy nervioso.
Entonces, me dice:
- ¿Pero qué, te gustan los hombres? ¿Sos puto?
Yo le respondí que no, que no sabía que me pasaba, a lo que él se rió y me dijo menos mal.
La nota continuaba mientras yo seguía intentando disimular mi erección, que no entendía por qué la tenía.
Pero en un momento, me dice que vayamos terminando, que él ya tenía que entrar a las duchas.
Lo miro y veo que él me miraba fijo la erección, y que también tenía la verga bastante dura y parada.
Hubo un silencio, me mira, y me dice de la nada:
- Yo soy casado, no me gustan...los machos.
A lo que yo le respondí:
- ¿Y a que viene eso? Ya te dije, a mi tampoco, tengo novia.
No termino de decirle eso, y como si algo se apoderara de mi, me agache, le agarre ese mástil duro y me lo envié directo a la boca.
A esta altura yo no sabía que era lo que hacia, pero me gustaba. Él solo se limitó a poner sus brazos en la cadera y dejarme hacer mi “trabajo”.
Como pude comencé a desvestirme, hasta que en un momento me paré y me desnude totalmente.
Fue cuando me dijo que me diera vuelta. En ese momento, las palabras sobraron, hice lo que me dijo, me incline y el empezó a metérmela muy suavemente, para luego hacerlo salvajemente y hasta el fondo.
Al principio sentí un dolor muy fuerte, era como si algo se desgarraba por dentro, pero enseguida se fue esa sensación y me sentí cómodo, sentía mucho placer.
Siguió un rato largo bombeándome duramente, hasta que, entregándome totalmente, me di vuelta y acabó sobre mi cara.
Nunca había probado algo tan sabroso en mi vida, como se escurría en mi garganta, el sabor salado que dejo en mi boca; y complementado con un dolor de culo hermoso.
Yo pensé que todo había terminado ahí, quería hacerme una paja para sacarme la calentura, y listo.
Pero cuando empecé a masajearme, él se agachó y se trago de una toda mi verga.
Jamás me la habían chupado tan bien, lo hacía con mucho placer, y a mi se me estaba endureciendo como nunca antes.
En un momento el mismo me dijo que ya la tenía bastante dura y que era hora de que lo desvirgara. Se agachó en cuatro patas y de un sopetón se la metí toda adentro.
Igual que yo, al principio gritaba de dolor, pero después se relajó y se dejó llevar por el placer.
A esta altura, yo ya sabía que iba a tener que hacer igual que él, después de un rato largo en donde el mete y saca fue de lo mejor; saqué mi pija de su culo y me puse delante de él para pajearme y acabar en su boca.
Luego de esto nos besamos repetidamente y él se fue para las duchas, yo empezaba a cambiarme para irme, pero me llamó para que lo hiciéramos de nuevo, esta vez bajo el agua.
Durante un tiempo seguí yendo todos los fines de semana para hacerlo en algún rincón del vestuario o donde sea cuando salíamos de la cancha (yo ya había encontrado una excusa para pedirle a mi jefe que me dejara seguir la campaña de su equipo).
Mientras tanto, cada uno siguió en lo suyo, yo con mi novia y él con su esposa, pero la necesidad de vernos y tenernos era cada vez más frecuente.
Con el tiempo, arreglamos nuestras situaciones y nos dimos cuenta que no solo éramos buena pareja en el sexo, sino que de en serio nos amábamos.
Pasaron tres años y seguimos fuerte como pareja, y, aunque ya vivimos juntos y cojemos todas las noches, todavía tenemos nuestros encuentros futboleros en el vestuario.
Si les gustó mi relato, me gustaría recibir comentarios en mi mail
principeadam83@yahoo.com.ar
Yo trabajo como periodista deportivo, especializado en fútbol. Había ido a cubrir un partido de la C, como era normal en todas las semanas.
En el transcurso del partido, el árbitro le saca la tarjeta roja a uno de los jugadores, echándolo del partido. Mi compañero de trabajo, que en ese momento estaba conmigo, me dice que siga a este jugador para hacerle una nota, ya que este se veía bastante ofuscado por la expulsión. Debo aclarar que yo ya conocía a este jugador, y que tenía buena relación con él.
Me acerco lo más que puedo al campo de juego y lo llamo para que se acerque. Al verme, el jugador me hace un gesto de que lo siga y hace un gesto a los guardias como para que me dejen entrar.
Entonces, paso a la cancha, y me acerco a él dirigiéndonos al vestuario. De mientras le iba haciendo la nota, que ahora no viene al caso.
Como es muy común, el jugador entró a los vestuarios mientras yo lo reporteaba. En una de esas empieza a desnudarse para dirigirse a las duchas, y sin notarlo se baja el slip dejando ver una poronga enorme, seguro más de 25cm. y extremadamente gruesa.
El reportaje seguía con él totalmente desnudo (solamente tenía los botines y las medias), pero no había problemas, pues no era la primera vez que entrevistaba a un jugador desnudo (al final del partido, son normales las entrevistas en el vestuario).
En una de esas, en medio del reportaje, el jugador se para y me dice:
- ¿Qué te pasa? Andá, hacete una paja y volvé.
Sin entender qué era lo que me decía, me miro la entrepierna y tengo tremenda erección, imposible de disimular. Me río e intento taparme o cruzarme de piernas, muy nervioso.
Entonces, me dice:
- ¿Pero qué, te gustan los hombres? ¿Sos puto?
Yo le respondí que no, que no sabía que me pasaba, a lo que él se rió y me dijo menos mal.
La nota continuaba mientras yo seguía intentando disimular mi erección, que no entendía por qué la tenía.
Pero en un momento, me dice que vayamos terminando, que él ya tenía que entrar a las duchas.
Lo miro y veo que él me miraba fijo la erección, y que también tenía la verga bastante dura y parada.
Hubo un silencio, me mira, y me dice de la nada:
- Yo soy casado, no me gustan...los machos.
A lo que yo le respondí:
- ¿Y a que viene eso? Ya te dije, a mi tampoco, tengo novia.
No termino de decirle eso, y como si algo se apoderara de mi, me agache, le agarre ese mástil duro y me lo envié directo a la boca.
A esta altura yo no sabía que era lo que hacia, pero me gustaba. Él solo se limitó a poner sus brazos en la cadera y dejarme hacer mi “trabajo”.
Como pude comencé a desvestirme, hasta que en un momento me paré y me desnude totalmente.
Fue cuando me dijo que me diera vuelta. En ese momento, las palabras sobraron, hice lo que me dijo, me incline y el empezó a metérmela muy suavemente, para luego hacerlo salvajemente y hasta el fondo.
Al principio sentí un dolor muy fuerte, era como si algo se desgarraba por dentro, pero enseguida se fue esa sensación y me sentí cómodo, sentía mucho placer.
Siguió un rato largo bombeándome duramente, hasta que, entregándome totalmente, me di vuelta y acabó sobre mi cara.
Nunca había probado algo tan sabroso en mi vida, como se escurría en mi garganta, el sabor salado que dejo en mi boca; y complementado con un dolor de culo hermoso.
Yo pensé que todo había terminado ahí, quería hacerme una paja para sacarme la calentura, y listo.
Pero cuando empecé a masajearme, él se agachó y se trago de una toda mi verga.
Jamás me la habían chupado tan bien, lo hacía con mucho placer, y a mi se me estaba endureciendo como nunca antes.
En un momento el mismo me dijo que ya la tenía bastante dura y que era hora de que lo desvirgara. Se agachó en cuatro patas y de un sopetón se la metí toda adentro.
Igual que yo, al principio gritaba de dolor, pero después se relajó y se dejó llevar por el placer.
A esta altura, yo ya sabía que iba a tener que hacer igual que él, después de un rato largo en donde el mete y saca fue de lo mejor; saqué mi pija de su culo y me puse delante de él para pajearme y acabar en su boca.
Luego de esto nos besamos repetidamente y él se fue para las duchas, yo empezaba a cambiarme para irme, pero me llamó para que lo hiciéramos de nuevo, esta vez bajo el agua.
Durante un tiempo seguí yendo todos los fines de semana para hacerlo en algún rincón del vestuario o donde sea cuando salíamos de la cancha (yo ya había encontrado una excusa para pedirle a mi jefe que me dejara seguir la campaña de su equipo).
Mientras tanto, cada uno siguió en lo suyo, yo con mi novia y él con su esposa, pero la necesidad de vernos y tenernos era cada vez más frecuente.
Con el tiempo, arreglamos nuestras situaciones y nos dimos cuenta que no solo éramos buena pareja en el sexo, sino que de en serio nos amábamos.
Pasaron tres años y seguimos fuerte como pareja, y, aunque ya vivimos juntos y cojemos todas las noches, todavía tenemos nuestros encuentros futboleros en el vestuario.
Si les gustó mi relato, me gustaría recibir comentarios en mi mail
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Autor anónimo




