RELATOS
El enzacatado perfecto
Mi casa estaba prácticamente terminada y solamente faltaba enzacatar un pequeño ate-jardín, para que todo luciera precioso. Contraté a una compañía de jardines que me brindó toda la asesoría necesaria para que ese pequeño espacio luciera agradable. Cuando llegaron los chicos encargados de sembrar el cesped, uno de ellos traía puesto un pantalón que le caía como a mitad del culo y se le miraba su boxer. Era uno de los holgados, de colores, muy atractivo y excitante. Empezaron su trabajo y yo no apartaba mi mirada de la parte trasera de ese chico, mirándo su boxer e imaginando lo que se ocultaba detrás de esa prenda. En un determinado momento él se dá cuenta que estoy mirando fíjamente a su trasero. Para mi felicidad, se acerca y me consulta si puede hacer uso del servicio sanitario. Acepto, por supuesto, a que utilice mi baño. Ya ahí, ingresa, no cierra la puerta, sino que más bien empieza a orinar de cara a mí... Su pene era enorme, delicioso y cuando terminó su "faena" empezó a sacudirlo, como se hace siempre, pero con una técnica tan exquisita que inmediatamente se templó y me invitó a que se lo chupara. Fue cuestión de dos o tres minutos y su leche la sentía en todas las paredes de mi boca porque, según me dijo, hacía días que no se la chupaban y la cantidad de leche que tenía acumulada en sus testículos era tal que, necesitaba de una buena lengua... Una mamada rapidísima, pero de las buenas... Cuando terminaron su trabajo en el jardín me dijo: Recuerde que nuestra empresa brinda el servicio de mantenimiento completo. Puede llamarnos. Podrán imaginarse que, a pesar de que el jardín está bien, todas las semanas llamo para que venga ese chico, pero no solo a arreglar el jardín, sino también a que me bañe de leche... cada semana.
Autor anónimo




