RELATOS
Mi abuelo
Tenia yo 15 años cuando una tarde durante la siesta en casa de mi abuelo, me despertó un movimiento rítmico y contínuo. De toda la vida me había echado la siesta con él pero no me había despertado nunca con aquel vaiven tan insistente. Entorné los ojos para ver que era lo que pasaba y vi que el abuelo por debajo de la sábana que nos cubría estaba haciendo un movimiento extraño, tenía los ojos cerrados y parecía que se lo pasaba muy bien. No entiendo por qué pero la polla se me puso tiesa, yo me había tocado en muchas ocasiones pero no tenía ni idea lo que podía estar haciendo el abuelo, así que me dediqué a observarle en silencio y con los ojos casi cerrados para que no se diera cuenta que lo estaba controlando.
Pasó más de un cuarto de hora hasta que sentí que los movimientos se volvían más rápidos y cesaban de golpe mientras que el abuelo soltaba un gemido sordo entre dientes y respiraba profundamente, luego todo acabó, se dió media vuelta en la cama y siguió durmiendo o descansando.
Cuando me levanté de la siesta me metí en el baño corriendo, me bajé el pantalón y el calzoncillo y me di cuenta que tenía todo empapado de una especie de gel transparente y la polla como un leño, me la toqué hasta aburrirme y salí con un calentón de narices.
Ese día y el siguiente no podía pensar en otra cosa, estaba obsesionado con lo que había visto, aunque ver, lo que se dice ver, no había visto mucho, pero intuía que el abuelo se hacía algo en la polla y mi imaginación no me dejaba tranquilo, así que me pasé hasta el día siguiente a la hora de la siesta con el rabo tieso y un dolor de huevos del carajo.
Me fui a la habitación antes que mi abuelo, le espere levantado porque quería desnudarme delante de él. Desde pequeñito había dormido en su cama, era algo normal para mi, yo tenía mi propia habitación y por la noche cada uno dormía en su cuarto, pero lo de la siesta era una tradicion que ni siquiera se me había ocurrido en ningún momento cambiarla y menos despues de lo que había descubierto.
No tardó en llegar, entonces fue cuando comencé a desnudarme quedádome en calzoncillos y dejando que mi tranca abultara todo lo posible, ya a esa edad me medía 22cm. Él se percató de mi paquete, pero no hizo ningún comentario, dándome la espalda, se quedó en calzoncillos, se metió en la cama y cerró los ojos.
Yo, me tumbé mirándo hacia él, no quería dormir porque esperaba que volviera el trajin de la tarde anterior, pero tardó al menos una media hora hasta que pude ver que por debajo de la ropa de cama se movía su mano a la altura de la polla.
No entorné los ojos, no me quería perder nada de lo que estaba pasando, él miró hacia mi y me sonrió, le pregunté qué hacía, tardó en responderme sin dejar el movimiento...
_ Hijo, estoy dándome un masaje... No me digas que tu no te los das....
_ No, bueno, sí, pero... ¿por qué te lo das?
_ Bueno, porque son buenos los masajes y dan mucha tranquilidad después... cuando terminas ¿no...?
_ No abuelo, después yo me quedo muy mal, la polla se me queda muy dura durante horas... Me la toco pero... es peor.
_ Pero como va a ser eso... ¿No te quedas agusto después de correrte hijo?
_ ¿De correrme? ¿ Eso que es?
_ ¡ Bueno, bueno, bueno ! asi que no sabes todavía lo que es correrse, pues nada, ahora mismo te voy a enseñar...
El abuelo retiró las sábanas y ¡Dioses! Un rabo de 28 cm aparecio en plena erección, como un... Bueno, como un pollón de 28 cm gordo duro y rojo brillante, y al igual que el mío chorreando de ese líquido trasparente.
El abuelo agarró su verga y comenzó a darle arriba y abajo con la mano derecha...
_ Venga chico, mira lo que hago y haz tú lo mismo. Tienes que cogerla con cariño, y subir por el capullo rozándolo con suavidad para luego volver a bajar. A cada uno nos gusta un ritmo diferente, a mi me da mucho gusto así, lento, despacito...
Yo no sabía si lo que estaba viendo era real o un sueño "siestero" ¿ Me había quedado dormido y estaba soñando?
_ Mira Toño... mira que dura se pone y como babea... ¡Ohh! ¡Que gustooo...!
Entonces quise pasar a la acción y salir del coma que tenía encima, me retiré yo también las sábanas dándome cuenta que el gel transparente que me salía de la polla había traspasado el calzoncillo y empapado la ropa de cama ¡un rodal enorme !
El abuelo paró, me miró la calentura y me quitó el calzon.
_ Bueno Toño, estás bien armado... Anda, ven que te voy a enseñar.
Y vaya si me enseñó, fue agarrarme el rabo, moverlo unas cuantas veces y explotar ¡Dioses, dioses, dioses! Nunca me podré olvidar de mi primera paja... La leche llegó casi hasta el techo, y no un chorro.
Me quedé como flotando, el abuelo se reía sin parar, su polla seguía dura
mirando al cielo, se tumbó otra vez boca arriba...
_ Anda hijo, que ahora me toca a mi, vas a ver lo que sale de aqui...
_ ¿Te la puedo hacer yo...?
_Pues claro, pero ten cuidado con la cara, sobre todo con los ojos cuando me corra, porque sale a propulsión y más si me la meneas tú.
Comencé a pajear al abuelo, a mi ni siquiera se me había puesto morcillona, seguía dura como una piedra, él me la volvió a coger y también me la meneó. Fue increible la cordinación de movimientos, me gustó muchísimo tener entre las manos aquel mastil tan duro que proporcionaba tanto placer a mi abuelo. Tocar aquellos huevos gordos sin pelo que se escondían entre las ingles hasta casi desaparecer. Yo estaba sintiendo el doble de placer, me excitaba tanto hacerle una paja como la que me hacía él a mi. Hasta que sentí que me volvía esa sensacíon que me hacía temblar todo el cuerpo. Nos corrimos los dos a la vez, el abuelo soltó, como había dicho, un torrente de leche espesa y muy blanca que le llegó hasta la barbilla, también tembló, a la vez que soltábamos un grito de gusto sin dejar de menear nuestras pollas. Esa vez, tampoco la puedo olvidar, es más, todavía cuando me hago una bartola, sólamente de recordarlo me corro como un burro.
Después de aquel dia, la hora de la siesta fue para mi algo sagrado, y aún lo sigue siendo...
Pasó más de un cuarto de hora hasta que sentí que los movimientos se volvían más rápidos y cesaban de golpe mientras que el abuelo soltaba un gemido sordo entre dientes y respiraba profundamente, luego todo acabó, se dió media vuelta en la cama y siguió durmiendo o descansando.
Cuando me levanté de la siesta me metí en el baño corriendo, me bajé el pantalón y el calzoncillo y me di cuenta que tenía todo empapado de una especie de gel transparente y la polla como un leño, me la toqué hasta aburrirme y salí con un calentón de narices.
Ese día y el siguiente no podía pensar en otra cosa, estaba obsesionado con lo que había visto, aunque ver, lo que se dice ver, no había visto mucho, pero intuía que el abuelo se hacía algo en la polla y mi imaginación no me dejaba tranquilo, así que me pasé hasta el día siguiente a la hora de la siesta con el rabo tieso y un dolor de huevos del carajo.
Me fui a la habitación antes que mi abuelo, le espere levantado porque quería desnudarme delante de él. Desde pequeñito había dormido en su cama, era algo normal para mi, yo tenía mi propia habitación y por la noche cada uno dormía en su cuarto, pero lo de la siesta era una tradicion que ni siquiera se me había ocurrido en ningún momento cambiarla y menos despues de lo que había descubierto.
No tardó en llegar, entonces fue cuando comencé a desnudarme quedádome en calzoncillos y dejando que mi tranca abultara todo lo posible, ya a esa edad me medía 22cm. Él se percató de mi paquete, pero no hizo ningún comentario, dándome la espalda, se quedó en calzoncillos, se metió en la cama y cerró los ojos.
Yo, me tumbé mirándo hacia él, no quería dormir porque esperaba que volviera el trajin de la tarde anterior, pero tardó al menos una media hora hasta que pude ver que por debajo de la ropa de cama se movía su mano a la altura de la polla.
No entorné los ojos, no me quería perder nada de lo que estaba pasando, él miró hacia mi y me sonrió, le pregunté qué hacía, tardó en responderme sin dejar el movimiento...
_ Hijo, estoy dándome un masaje... No me digas que tu no te los das....
_ No, bueno, sí, pero... ¿por qué te lo das?
_ Bueno, porque son buenos los masajes y dan mucha tranquilidad después... cuando terminas ¿no...?
_ No abuelo, después yo me quedo muy mal, la polla se me queda muy dura durante horas... Me la toco pero... es peor.
_ Pero como va a ser eso... ¿No te quedas agusto después de correrte hijo?
_ ¿De correrme? ¿ Eso que es?
_ ¡ Bueno, bueno, bueno ! asi que no sabes todavía lo que es correrse, pues nada, ahora mismo te voy a enseñar...
El abuelo retiró las sábanas y ¡Dioses! Un rabo de 28 cm aparecio en plena erección, como un... Bueno, como un pollón de 28 cm gordo duro y rojo brillante, y al igual que el mío chorreando de ese líquido trasparente.
El abuelo agarró su verga y comenzó a darle arriba y abajo con la mano derecha...
_ Venga chico, mira lo que hago y haz tú lo mismo. Tienes que cogerla con cariño, y subir por el capullo rozándolo con suavidad para luego volver a bajar. A cada uno nos gusta un ritmo diferente, a mi me da mucho gusto así, lento, despacito...
Yo no sabía si lo que estaba viendo era real o un sueño "siestero" ¿ Me había quedado dormido y estaba soñando?
_ Mira Toño... mira que dura se pone y como babea... ¡Ohh! ¡Que gustooo...!
Entonces quise pasar a la acción y salir del coma que tenía encima, me retiré yo también las sábanas dándome cuenta que el gel transparente que me salía de la polla había traspasado el calzoncillo y empapado la ropa de cama ¡un rodal enorme !
El abuelo paró, me miró la calentura y me quitó el calzon.
_ Bueno Toño, estás bien armado... Anda, ven que te voy a enseñar.
Y vaya si me enseñó, fue agarrarme el rabo, moverlo unas cuantas veces y explotar ¡Dioses, dioses, dioses! Nunca me podré olvidar de mi primera paja... La leche llegó casi hasta el techo, y no un chorro.
Me quedé como flotando, el abuelo se reía sin parar, su polla seguía dura
mirando al cielo, se tumbó otra vez boca arriba...
_ Anda hijo, que ahora me toca a mi, vas a ver lo que sale de aqui...
_ ¿Te la puedo hacer yo...?
_Pues claro, pero ten cuidado con la cara, sobre todo con los ojos cuando me corra, porque sale a propulsión y más si me la meneas tú.
Comencé a pajear al abuelo, a mi ni siquiera se me había puesto morcillona, seguía dura como una piedra, él me la volvió a coger y también me la meneó. Fue increible la cordinación de movimientos, me gustó muchísimo tener entre las manos aquel mastil tan duro que proporcionaba tanto placer a mi abuelo. Tocar aquellos huevos gordos sin pelo que se escondían entre las ingles hasta casi desaparecer. Yo estaba sintiendo el doble de placer, me excitaba tanto hacerle una paja como la que me hacía él a mi. Hasta que sentí que me volvía esa sensacíon que me hacía temblar todo el cuerpo. Nos corrimos los dos a la vez, el abuelo soltó, como había dicho, un torrente de leche espesa y muy blanca que le llegó hasta la barbilla, también tembló, a la vez que soltábamos un grito de gusto sin dejar de menear nuestras pollas. Esa vez, tampoco la puedo olvidar, es más, todavía cuando me hago una bartola, sólamente de recordarlo me corro como un burro.
Después de aquel dia, la hora de la siesta fue para mi algo sagrado, y aún lo sigue siendo...
Autor anónimo




