RELATOS

Tony y yo

”Hacer el amor con otro no es la misma cosa", decía el verso de una canción de Alejandra Guzmán. Y he comprobado que es verdad. He tenido experiencias agradables con muchos chicos, pero ninguno me ha hecho sentir tanto placer como cuando culeamos Tony y yo. Este relato, pues, es real.

Estoy entrando ya a mi tercera década. Tony, mi pareja, tiene en cambio 26 años. Su verga - sin embargo - es inmensa. Mucho más grande que la mía. Mi pene es solamente grueso y nervudo, y tengo - además unos huevos enormes y flácidos, que se entrechocan entre sí, como alocados de pasión, cada vez que Tony me está penetrando por el culo, mientras yo, en cuatro patas, voy y vengo al paraíso con cada arremetida que él me da. La última vez que hicimos el amor, comenzamos con el 69. El abajo, de espaldas, y yo arriba, sobre él. Siento su lengua en mi pene, luego en mis huevos pero más me gusta cuando la siento en mi culo. Él me abre las nalgas con ambas manos para hacer más resaltado el rosado orificio de mi culo. Con cada lengüetazo el esfínter se contrae, por lo que le demuestro a Tony la calentada que me está dando, pues el culo se me abre y se me cierra involuntariamente en cada contracción. Y mientras, yo me deleito con su enorme verga para mamársela a placer. ¡Dios, medirá de 18 a 20 cm.!. No está circuncidado pero su glande es tan enorme, con una gran charra por circunferencia, que la piel de su miembro viril no puede cubrir esa cabezota aun cuando no tenga erecciones.

Yo se la chupo, pues, contemplando con lujuria la cabeza de su verga, con ese glande color bermejo. Le paso mi lengua por debajo de esa zona, en el frenillo, con lo que lo hago gemir de placer. Asimismo, con dos de mis dedos, le separo los pequeños pliegues del ojete o pequeño orificio de la punta de su verga, y le introduzco la puntita de mi lengua dentro de ese delicioso agujerito por donde mi amor hace pipí y me regala su ración de leche. Luego, me suele meter uno de sus dedos en mi culo ya ensalivado. Luego dos, luego tres. Me hace el amor con sus dedos para relajar mi esfínter. A él le gusta sentir mis contracciones anales porque siente como le aprieto sus dedos. Sabe que después le haré eso en su pene y lo voy hacer que se dé una venidota de padre y señor mío.

Después me introduce un dildo o juguete sexual de un tamaño bastante grande. Tiene forma de pene, naturalmente. Me lo mete poco a poco, para continuar distendiendo los músculos de mi culo. Siento como aquella cosita, previamente lubricada, se desliza por mi culo infinidad de veces. Recuerden que yo estoy en cuatro y que Tony está detrás mío haciendo esta función preparatoria. Cuando me saca el dildo completamente, él puede notar mi orificio anal que parece ahora una caverna de lo abiertote que está. Yo le culeo con mis nalgas y le abro y cierro mi caliente hoyuelo para invitarlo a que me siga haciendo el amor con ese sabroso juguete. A propósito, mi pene está erecto al máximo, y Tony me acaricia con su otra mano mis rugosos y colgantes testículos que envían a todo mi cuerpo oleadas de placer. Para cuando Tony me penetra, por muy grande que sea su verga, la siento sin el más mínimo dolor y con el máximo placer. Siento cada uno de sus 18 o 20 cm.. Siento su enorme cabeza en forma de hongo. De un hongo monstruoso. Siento hasta la enorme vena lateral que atraviesa aquel miembro. Mi culo está caliente, lubricado y distendido. A Tony le estoy proporcionando un placer indescriptible con cada arremetida que me da. Pasamos así como una hora. A veces más. Entretenemos nuestra corridas, o bien, nos separamos y volvemos a mamarnos mutuamente, hasta que nos calentamos al máximo los dos, que ya no podemos más. No hay entonces nada mejor que venirme primero, para que las contracciones de mi culo (y que coinciden con cada chorro de esperma que expulso), le aprieten a él su pene y lo haga a la vez venirse casi enseguida, en furiosas contracciones de las que yo me beneficio, pues puedo sentir su hinchado miembro al máximo, dentro mío.
Autor anónimo