RELATOS
La viudez de papá
La viudez de papá.
Ya han pasado más de tres años desde que murió mamá y mi padre no se ha vuelto a casar; ni siquiera le he conocido aventura alguna.
Al morir ella, mis abuelos maternos se hicieron cargo de mis hermanos menores, Dalia y Jorge, quedándome yo al cuidado de mi padre por ser el más grande y para no interrumpir mis estudios.
Cuando comencé a darme cuenta de mi gusto particular por los hombres, enfoqué mis baterías hacia mi padre, tal vez por ser el que más cotidianamente veía. comencé a espiar sus movimientos, en su recámara, en el baño o en el jardín, ya que él cuando esta en la casa, sólo utiliza un pequeño short blanco y que desde lejos se nota que no se pone ropa interior alguna.
Me doy mis tacos de ojo cuando se sienta y que por la presión de su ropa, se le nota el paquete o muchas veces se escurre su hermosa verga.
Por las noches cuando hace mucho calor, acostumbra bañarse antes de dormir, cuando el cree que yo ya, hasta estoy soñando, atravieza el pasillo entre mi cuarto y el suyo para ir al baño completamente desnudo y asi mismo regresa; yo siempre estoy al acecho y me masturbo ferozmente en cada una de esas ocasiones.
Logré hacer una pequeña hendidura en la mampara que separa la ducha del water y con el pretexto de que estoy mal del estómago me la paso espiándolo; obviamente lo he cachado masturbándose y suspirando, dando rienda suelta a sus necesidades sexuales.
Jamás, creo, él ha notado ese acoso de mi parte, por lo que siempre me he sentido confiado y sigo haciéndolo.
Pero, ahora lo haré en pasado, hace exactamente dos meses, comencé a limpiar su escritorio y al vaciar un cajón, en el fondo encontré un paquete, algo me dijo que ello era importante, lo llevé a mi cuarto y c errando la puerta lo abrí, mi sorpresa fue mayúscula habían fotos de mi padre desnudo adoptando div ersas poses eróticas y en una de ellas se estaba acariciando y besando con un desconocido. además habían cartas, supongo de ese hombre en las cuales le reclamaba el porqué no lo llamaba ni lo visitaba, ya que se enteró que ahora era libre.
Me encontraba completamente abstraido y no me di cuenta de que mi padre entró y se dio cuenta de lo que tenía entre las manos. airadamente me reclamó diciéndome que yo no tenía derecho de hurgar entre sus cosas particulares y menos derecho tenía si yo no sabía a que se debían esos documentos.
Sorprendido ante lo evidente, comencé a llorar pero no pedí perdón sino que al contrario me solté diciéndole que el que no tenía derecho a hacerme sufrir era él, ya que yo lo adoraba y que más que amor de hijo, se lo tenía de hom bre ya que, si no se daba cuenta, siempre lo espiaba, que quería verlo desnudo, que quería acariciarlo, besarlo, sentir entre mis muslos su gran verga y sus dedos hurgando mi esfinter, saborear su semen y sentir el calor y lo resbaloso de ello por mis nalgas, que tamb ién deseaba que me acariciara la verga y me la mamara. y que si hasta ese momento lo respete es porque no conocía su pasado, porque bien se veía en las fotos que había llevado una relación homosexual con ese hombre que le escribía tan apasionadamente.
Después de desahogarme, comencé a llorar, él me abrazó pidiéndome perdón, diciéndome que era muy torpe y muy bruto al no haberse dado cuenta de mi intención; pero que al mismo tiempo, yo tampoco me había percatado de que también él me espiaba y que si se paseaba desnudo era `para provocar en mi una pasión que ya sentía él por mi.
Ahí fue donde se rompió el dique del respeto de hijo a padre, lo comencé a besar en la boca y me correspondió, baje las manos y apreté sus nalgas duras como rocas; luego las acaricie tiernamente y me pasé a su verga, que ya estaba dura y tiesa, lentamente me fui bajando, sacó su verga del short y pegó un chicotazo en mi boca, la abrí desesperadamente, me la introduje y empecé a mamarla, sus manos me acariciaban el pelo y la cara, luego me levantó en sus brazos y me llevó hasta la cama de su cuarto, ahí me acostó y comenzó a desnudarme lentamente hasta dejarme sin nada de ropa. él hizo lo propio y al fin estaba con mi padre desnudo y sobre de mi, en su lecho.
El momento fue tormentoso y espectacular, comenzó a morderme las tetillas, hundiendo sus dientes filosos y ardientes en mi carne; mientras sus manos acariciaban desesperadamente todo mi cuerpo, encontró mi hoyo y comenzó a introducir dedo por dedo hasta contar tres de ellos, yo sentía que enloquecía de placer, no había dolor ni sensación lastimera, solamente placer.
Mientras tanto también mis manos acariciaban tiernamente esa carne prohibida, llegué a su verga, la que ya goteaba avisando estar lista para el desenlace, de pronto sentía que humedecía mi esfinter anal y jugueteaba con todos sus dedos la caliente hendidura, colocó la cabeza ardiente en la entrada y comenzó suavemente a empujarla tratando de no hacerme daño, yo sentí que moría; pero al mismo tiempo quería sentirla toda dentro de mi, por lo tanto di un fuerte empujón y entró derribando cualquier barrera que se opusiera a ello, dolió, si pero con placer, me miró a los ojos preguntando que pasaba, sonreí dándole a entender que era feliz al tenerlo así.
Tomó mi boca con sus manos sudorosas y con olor a sexo y me estampó un beso, con eso entendí que él también gozaba nuestro momento, luego le imprimió rapidez a sus movimientos y al cabo de unos instantes sentí como lava ardiente un chorro de sus fluidos dentro de mi cuerpo, se relajó y la sacó, tomó entre sus manos mi verga que se encontraba al máximo y comenzó a mamarla, me vine desesperadamente bañando su rostro, luego nos besamos para compartir el sabor agridulce de mi semen.
¡Cómo goce ese día, esa noche y muchas más, compartiendo mi cuerpo con su cuerpo! es lo que siempre había deseado y ahora lo tengo siempre junto a mi.
Ya han pasado más de tres años desde que murió mamá y mi padre no se ha vuelto a casar; ni siquiera le he conocido aventura alguna.
Al morir ella, mis abuelos maternos se hicieron cargo de mis hermanos menores, Dalia y Jorge, quedándome yo al cuidado de mi padre por ser el más grande y para no interrumpir mis estudios.
Cuando comencé a darme cuenta de mi gusto particular por los hombres, enfoqué mis baterías hacia mi padre, tal vez por ser el que más cotidianamente veía. comencé a espiar sus movimientos, en su recámara, en el baño o en el jardín, ya que él cuando esta en la casa, sólo utiliza un pequeño short blanco y que desde lejos se nota que no se pone ropa interior alguna.
Me doy mis tacos de ojo cuando se sienta y que por la presión de su ropa, se le nota el paquete o muchas veces se escurre su hermosa verga.
Por las noches cuando hace mucho calor, acostumbra bañarse antes de dormir, cuando el cree que yo ya, hasta estoy soñando, atravieza el pasillo entre mi cuarto y el suyo para ir al baño completamente desnudo y asi mismo regresa; yo siempre estoy al acecho y me masturbo ferozmente en cada una de esas ocasiones.
Logré hacer una pequeña hendidura en la mampara que separa la ducha del water y con el pretexto de que estoy mal del estómago me la paso espiándolo; obviamente lo he cachado masturbándose y suspirando, dando rienda suelta a sus necesidades sexuales.
Jamás, creo, él ha notado ese acoso de mi parte, por lo que siempre me he sentido confiado y sigo haciéndolo.
Pero, ahora lo haré en pasado, hace exactamente dos meses, comencé a limpiar su escritorio y al vaciar un cajón, en el fondo encontré un paquete, algo me dijo que ello era importante, lo llevé a mi cuarto y c errando la puerta lo abrí, mi sorpresa fue mayúscula habían fotos de mi padre desnudo adoptando div ersas poses eróticas y en una de ellas se estaba acariciando y besando con un desconocido. además habían cartas, supongo de ese hombre en las cuales le reclamaba el porqué no lo llamaba ni lo visitaba, ya que se enteró que ahora era libre.
Me encontraba completamente abstraido y no me di cuenta de que mi padre entró y se dio cuenta de lo que tenía entre las manos. airadamente me reclamó diciéndome que yo no tenía derecho de hurgar entre sus cosas particulares y menos derecho tenía si yo no sabía a que se debían esos documentos.
Sorprendido ante lo evidente, comencé a llorar pero no pedí perdón sino que al contrario me solté diciéndole que el que no tenía derecho a hacerme sufrir era él, ya que yo lo adoraba y que más que amor de hijo, se lo tenía de hom bre ya que, si no se daba cuenta, siempre lo espiaba, que quería verlo desnudo, que quería acariciarlo, besarlo, sentir entre mis muslos su gran verga y sus dedos hurgando mi esfinter, saborear su semen y sentir el calor y lo resbaloso de ello por mis nalgas, que tamb ién deseaba que me acariciara la verga y me la mamara. y que si hasta ese momento lo respete es porque no conocía su pasado, porque bien se veía en las fotos que había llevado una relación homosexual con ese hombre que le escribía tan apasionadamente.
Después de desahogarme, comencé a llorar, él me abrazó pidiéndome perdón, diciéndome que era muy torpe y muy bruto al no haberse dado cuenta de mi intención; pero que al mismo tiempo, yo tampoco me había percatado de que también él me espiaba y que si se paseaba desnudo era `para provocar en mi una pasión que ya sentía él por mi.
Ahí fue donde se rompió el dique del respeto de hijo a padre, lo comencé a besar en la boca y me correspondió, baje las manos y apreté sus nalgas duras como rocas; luego las acaricie tiernamente y me pasé a su verga, que ya estaba dura y tiesa, lentamente me fui bajando, sacó su verga del short y pegó un chicotazo en mi boca, la abrí desesperadamente, me la introduje y empecé a mamarla, sus manos me acariciaban el pelo y la cara, luego me levantó en sus brazos y me llevó hasta la cama de su cuarto, ahí me acostó y comenzó a desnudarme lentamente hasta dejarme sin nada de ropa. él hizo lo propio y al fin estaba con mi padre desnudo y sobre de mi, en su lecho.
El momento fue tormentoso y espectacular, comenzó a morderme las tetillas, hundiendo sus dientes filosos y ardientes en mi carne; mientras sus manos acariciaban desesperadamente todo mi cuerpo, encontró mi hoyo y comenzó a introducir dedo por dedo hasta contar tres de ellos, yo sentía que enloquecía de placer, no había dolor ni sensación lastimera, solamente placer.
Mientras tanto también mis manos acariciaban tiernamente esa carne prohibida, llegué a su verga, la que ya goteaba avisando estar lista para el desenlace, de pronto sentía que humedecía mi esfinter anal y jugueteaba con todos sus dedos la caliente hendidura, colocó la cabeza ardiente en la entrada y comenzó suavemente a empujarla tratando de no hacerme daño, yo sentí que moría; pero al mismo tiempo quería sentirla toda dentro de mi, por lo tanto di un fuerte empujón y entró derribando cualquier barrera que se opusiera a ello, dolió, si pero con placer, me miró a los ojos preguntando que pasaba, sonreí dándole a entender que era feliz al tenerlo así.
Tomó mi boca con sus manos sudorosas y con olor a sexo y me estampó un beso, con eso entendí que él también gozaba nuestro momento, luego le imprimió rapidez a sus movimientos y al cabo de unos instantes sentí como lava ardiente un chorro de sus fluidos dentro de mi cuerpo, se relajó y la sacó, tomó entre sus manos mi verga que se encontraba al máximo y comenzó a mamarla, me vine desesperadamente bañando su rostro, luego nos besamos para compartir el sabor agridulce de mi semen.
¡Cómo goce ese día, esa noche y muchas más, compartiendo mi cuerpo con su cuerpo! es lo que siempre había deseado y ahora lo tengo siempre junto a mi.




